Las mejores amigas, las mejores enemigas

Cuando existe hostilidad entre mujeres, ésta suele manifestarse de manera muy sutil. No es común verlas dándose golpes, pero las heridas que ellas se provocan duelen igual que un golpe seco en la cara.En la infancia, las mujeres no peleamos tanto como los niños, es más común ver estas actitudes a partir de la secundaria y se siguen de largo hasta llegar al ambiente laboral, primero pasando por las compañeras de universidad, familiares y amigas. En cambio, cuando existe rivalidad entre hombres, suele manifestarse de manera frontal, directa, incluso con una carga notoria de agresividad; suelen dar “golpes” de precisión para acabar en un solo movimiento con su contrincante.

Curiosamente, esta conducta es “socialmente aceptada” y a pesar de ello se suele considerar que los hombres son más leales, menos conflictivos y hasta cómplices unos de otros. Identificar la actitud hostil entre mujeres no es fácil, ya que no siempre se tiene consciencia de que se está participando en esta dinámica ¿Qué es lo que lastima tanto de la hostilidad femenina? A ciencia cierta aún no lo sabemos, pero se dejan ver códigos ocultos y sutiles que son los que dan forma y vida a la rivalidad femenina.

El arte de la rivalidad femenina radica en ciertas actitudes que lastiman profundamente, como por ejemplo, se secretean, se critican, ponen los ojos en blanco, se burlan, se ridiculizan “en broma”, se hacen la ley del hielo, en silencio se hacen pedazos, se ponen sobre nombres: la más popular es llamada “la dejada”, la más bonita “bruta”, la estudiosa “nerd” Las mujeres pueden sacar a otra del grupo de amigas de años, simplemente le dejan de hablar, la dejan de incluir o planean un viaje en el que no está invitada pero se entera por las fotos en las redes sociales. Lo que es muy común es que después de actuar así, por lo general, si se les confronta suelen decir “¿Pero que tiene?… No hicimos nada” Entre mujeres se maneja un frase empleada para “no lastimar” pero que hiere como una daga en el corazón: “te lo digo por tu bien y porque te quiero” que va acompañada de una crítica severa y sin anestesia.

Está comprobado que esta forma de expresar rivalidad entre mujeres es un proceso que invariablemente afecta nuestra autoestima, genera sufrimiento, nos hace sentir inseguras y no queridas, es un juego que destroza, disfrazado de amistad. A las mujeres, desde edad temprana, no se nos enseña a respetarnos y a darnos a respetar, a ser solidarias y cómplices; no se nos enseña a valorarnos y a amar nuestro cuerpo tal cual es, razón por la que, entre nuestro género, se tienda a lastimamos, a criticar tanto y a rivalizar. Poner sobre la mesa este tema tiene como objetivo ponerle fin a este tipo de prácticas.

Las mujeres no “nacemos” así, lo aprendemos a lo largo de la vida y pareciera que se nos enseña a ser rivales como parte de la cultura que nos coloca en este papel en donde aparte, se nos juzga como “complicadas”, estereotipo que tanto limita nuestras oportunidades de desarrollo personal, social y laboral. Pero esto puede cambiar, depende de ti y de trabajar en comprometernos a educarnos en la fraternidad, el compañerismo, la aceptación, la solidaridad y el amor; lo anterior son las bases para generar relaciones más constructivas, sanas y positivas.

Cristina Jaúregui

Author: Cristina Jaúregui

Psicoterapeuta humanista, escritora, conferencista, locutora y conductora.

Share This Post On