Elecciones en Estados Unidos: desconcierto mundial

El mundo contuvo el aliento el pasado 8 de noviembre: pasando de la incredulidad a la consternación. Los resultados presentaban lo que analistas e intelectuales habían considerado imposible: Donald Trump, magnate inmobiliario, etiquetado como evasor fiscal, misógino, racista y sin experiencia política, resultó electo presidente del país más poderoso de la tierra.

La victoria de Trump es el triunfo a la incongruencia. El mapa electoral refleja dos naciones: la rural, de aquellos con menor nivel adquisitivo y educativo, que coloreó el interior del país con un rojo republicano, y la de las dos costas, con ciudadanos educados y con mayor poder adquisitivo teñidas de azul demócrata. No hay razón que explique el sólido avance del magante. Las respuestas se sustentan en una compleja línea que pasa por el nivel educativo de los votantes, sus ingresos, su género, su raza, y, ante todo, sus miedos.

Que una nación tan próspera con una democracia tan antigua haya tomado semejante decisión pone en cuestión la noción sagrada en occidente de que la democracia es el modelo de gobierno a seguir para la humanidad; además de indicar la persistencia de grandes regiones de atraso político que contrastan con la modernidad e ideales que tanto presume el vecino del norte.

Para México los riesgos son mayores si se cumplen las promesas de campaña sobre los más de 10 millones de mexicanos que residen en EU; también para quienes tienen lazos familiares y económicos allá y, claro está, para la dinámica de flujos de mercancías y capitales que pueden dañar de forma severa el desempeño económico de Norteamérica como región.

Más allá del shock sicológico causado por la victoria del republicano, la presidencia estadunidense está sometida a mecanismos formales de contrapeso –como la división de poderes y el federalismo– y al control de facto de un denso tejido de intereses corporativos, no hay que perder de vista que el Poder Ejecutivo no puede imponer decisiones que esos intereses consideren contraproducentes. Sin embargo, la mayor incertidumbre está por comenzar.

Rafael Martínez

Author: Rafael Martínez

Share This Post On