Orientación vocacional: el mito

Por Agustín Mier y Terán

CVO (Chief Visionary Officer) de Elektia

 

En una época donde la información se encuentra en todas partes, donde la comunicación sostiene la corona del reino, donde nuevos conceptos y formas de trabajo surgen por doquier. Es increíble que sigamos viviendo mediante mitos para los cuales no reparamos ni un momento para cuestionar, reconstruir o por lo menos analizar.

La vocación es un mito impresionante. Si usted va a cualquier escuela o universidad, generalmente veremos que el sinónimo de vocación es carrera y en las clases de la mal llamada orientación vocacional, sólo se ve en qué carrera encajaran los alumnos.

La vocación esta impresionantemente manoseada por todos, por los maestros, los medios de comunicación, los padres de familia, en fin, manoseada en serio, pero profundamente incomprendida. Es como intentar confundir a un gatito con un león.

Desde los años 70 se sigue abordando el tema exclusivamente desde la psicología y utilizando múltiples instrumentos que a la mayoría confunde. Si bien el hombre se mueve bajo ciertos patrones, somos más que nuestros patrones.

Es por esta causa, que encontramos tantas personas insatisfechas con su profesión, porque sin saber lo mínimo se disponen a la búsqueda de lo que se sabe que es. Esto tienen un impacto brutal, ya que por ello los jóvenes entrar “buscando” carreras “correctas”, “seguras” y de “garantía” sin tan siquiera adentrase en definir un propósito a desarrollar. La motivación de más del 80% de los universitarios es tener un título para encontrar un trabajo bien pagado.

Vocación no es igual a profesión

Paradójico, hoy cada vez menos se contrata a la gente por sus credenciales académicas, si lo siguen haciendo empresas es porque viven un brutal retraso. Hoy lo que importa son los valores adicionales, las competencias sociales, las herramientas que sepan dominar y sobre todo una inteligencia emocional sana. Es más, incluso hay jóvenes que la universidad puede ser más un estorbo que una herramienta, esto sobre todo les pasa a los que son muy autodidactas o demasiado prácticos por ejemplo. La universidad para colmo es más una barrera que una pista de despegue por ejemplo para los emprendedores que ya están desarrollando una idea. Hay excepciones pero no son la regla.

La vocación es algo totalmente diferente, la vocación es un llamado, es una inclinación natural hacia “algo” y ese “algo” solo se puede descubrir experimentando y puede darse a cualquier edad en cualquier momento la carrera sólo es una herramienta, un vehículo.

El gran problema de confundir elegir carrera con vocación radica en la insatisfacción que ello genera. Debido a que al ser, el tener un trabajo y un título, el principal motivador de los universitarios, al concluir su carrera tienen la sensación de no haber aprendido algo, pero peor aún no saben que sigue, no saben en qué “engancharla”, en que alinearla.

Bajo este esquema se está desperdiciando demasiado talento y esto está generando altísimos costos a las empresas al ser cada vez más complejo contratar universitarios que si bien cuentan con un título, llegan sin experiencia y muy desconectados con su profesión no se diga la actitud.

Las universidades han ido perdiendo su origen y sobre todo las privadas, se mueven bajo las olas del mercado y bajo su premisa básica de centros de conocimiento y desarrollo de talento. Es labor de cada persona buscar nuestra vocación y ejercerla, de lo contrario sentiremos que aunque económicamente nos vaya bien, como que algo nos falta.

Vocación en todos lados ¿por qué no la vemos?

La vocación se puede encontrar en cualquier lado y no está reservado a encontrarla en los centros de estudios, la vocación se encuentra en la vida. Es por ello que el concepto de preparatoria debería modificarse enormemente, se debería convertir en un modelo que permita a las personas conocerse, aprenderse, explorarse de forma divertida, profunda, focal. Que nos dote más de herramientas que de conocimientos pero sobre todo que trabaje al ser humano de adentro hacia fuera y no al revés.

Urgen modelos más enfocados al ser humano como persona y no como simple ente productivo, ya que la productividad siempre será un efecto y el hombre su eterna causa. Es una tontería intentar que los jóvenes a los 18 años escojan carrera, no necesariamente están, aptos, maduros ni suficientemente involucrados en la vida como para poder identificar en que emplear sus siguientes 4 años, menos podemos ayudarles así a definir un propósito que les de rumbo y con ello entrar a la universidad a curiosear soluciones a los problemas que se les antoja atender. Porque cabe recordar que nos pagan por lo que sabemos resolver, no por lo que sabemos simplemente.

Si tan solo en la política hubiera más vocación que oportunismo, México sería un país radicalmente diferente sin duda.

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Author: Mejores Empleos

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