De la pobreza al éxito

El restaurante ANDRÉ se ha convertido en un símbolo de éxito y constancia. Más allá de sus platillos, la historia detrás de su creación atrae a propios y extraños.

Un ejemplo digno de compartir es el caso del Sr. Andrés González, propietario del restaurant ANDRÉ, quien nos platicó cómo logró alcanzar el éxito a pesar de que él y su familia, vivieron la pobreza. Mejores Empleos realiza esta entrevista con el fin de proporcionar a nuestros lectores una historia que sin lugar a dudas, a todos inspira.

Entrevista con Andrés González Propietario del restaurante ANDRÉ

ME: Sabemos que a este restaurante han venido muchos artistas y gente importante del medio, quizá sea por la sazón, por el tipo de comida, por el trato, por el servicio… ¿cómo nació esta idea de poner el restaurante? ¿A qué se dedicaba usted antes?

Andrés González: Soy de Aranda, Jalisco, me vine a la ciudad un 16 de agosto de 1966, porque en mi tierra no había nada, y yo entonces había cumplido 14 años. Mi mamá murió cuando yo tenía 7 u 8 años. Después vino una madrastra y un cambio de vida radical para toda la familia.

Fuimos seis hermanos. Entonces, empecé a ahorrar y un día tomé la decisión de venirme para la Ciudad de México, solo. Había trabajado en mi tierra en una panadería; empecé a hacerlo desde los 9 años ya que no fui a la escuela. Pero llegó el momento en que me desesperé porque mi papá sustraía mis ganancias, me quitaba el 70%. Como había muchos malos tratos y carencias pues ya no aguanté y me vine a la ciudad.

Empecé a trabajar en las panaderías y en las pastelerías, y así fui formándome, todo a base de esfuerzo; de tal manera que caminé por varias panaderías de la ciudad. Después llegué a trabajar en una donde tenían un supermercado general. Y ahí le di vida a mi sueño de crear algo, de hacer de la gastronomía mi destino y estaba dispuesto a pagar cualquier precio por hacer mi sueño realidad, incluso al maltrato que tuve que pasar por parte de mis superiores. Luego comencé a trabajar en varios restaurantes como lavaplatos, lava pisos, y así fui subiendo y conociendo nuevas experiencias; fui ayudante de mesero, mesero y, como le digo, me gustó y me metí a la cocina hasta abarcar, más o menos todas las ramas de la gastronomía. Luego trabajé en una compañía de seguros, Grupo Nacional Provincial, atendía un comedor de ejecutivos.

Ahí aprendí mucho porque iba a sus casas y, como le dije, fui mesero general y luego mesero particular. Me gustaba mucho trabajar y ganar dinero, pero siempre con la idea de poner un restaurante.

ME: ¿Tenía ya la idea desde entonces?

Andrés González: A lo largo de ese tiempo junté un pequeño capital y en una ocasión, al pasar por aquí –precisamente porque la compañía estaba cerca-, vi que rentaban una cocherita, un local muy chico, y hablé con los dueños. En este espacio cabrían unas diez mesitas y la cocina estaba de aquel lado (señala). Me fui a Valle de Bravo, compré la loza y así empezó el ANDRÉ. En ese tiempo rentaba por 3,000 pesos y desde un principio el ANDRÉ empezó a funcionar bien como fondita. No había nada más, pero ya tenía mucha juventud, mucha fuerza y muchos deseos de triunfo. Total, en la compañía había durado siete años trabajando sin vacaciones; pero fui formando el ANDRÉ, y ya que tuve las sillas y algunas mesas pedí mis vacaciones. Inauguré el negocio y me dediqué a trabajar. En ese tiempo tuve que decidir entre el restaurante y la compañía de seguros; me arriesgué y renuncié a los seguros.

Así fue creciendo el ANDRÉ, porque después me rentaron otra accesoria y luego la parte de atrás. La vida te va remunerando y vas recogiendo lo que siembras. Pasó el tiempo y después de unos años me rentaban la casa vecina.

Entonces, como yo siempre fui precavido, tenía mis colchoncitos y a los 15 días de que me propusieron rentarme la casa, se me ocurrió decirle: ¿”Sabe qué? Mejor la compro”. Aunque no alcancé a pagar todo, quedó una parte muy mínima, y ése fue el despeje bárbaro. Se fue formando por etapas. Había vendido todo lo que tenía: un departamento, un carro y un terrenito en Cuernavaca. Pero nunca faltaban las envidias: nos llegaban auditorías del gobierno por un lado, la delegación por el otro, y usted sabe cómo se manejan algunas cosas en México. Pero la vida cambió porque después compré la casa del otro lado, donde rentaba para dormir. Así pude unir las dos partes e hice el ANDRÉ en un solo cuerpo.

El éxito tiene su precio porque me casé, pero estaba muy metido en el negocio y tal vez ahí no vi el punto de equilibrio y descuidé a la familia. Siempre fui un hombre hogareño, pero llegó un momento en que el matrimonio se desestabilizó y tronó. El estacionamiento lo compré dos veces y me costó un trabajo tremendo porque mi ex esposa ya traía en mente irse y me dijo: “Escritúrame una propiedad, qué tal si te pasa algo a ti y los niños se quedan desprotegidos”.

Total, me convence y le escrituro la mitad, y por tonto me lo terminó vendiendo casi al doble (risas).

ME: Andrés, usted habla mucho de que se enfrentó a demasiados problemas por las envidias, sin embargo hoy en día esto es algo que persiste, está en toda la gente, ¿cómo hace para enfrentarlas?

Andrés González: A base de manejar a la gente, por ejemplo, inspectores de Hacienda, de Tesorería, etc.; a base de enfrentarlos, psicológicamente, dialogando, pidiéndoles ayuda o dándoles dinero y desechando a ciertas personas, porque a través de la vida uno se vuelve más psicólogo y con la mirada, más o menos, me doy una idea de cuando es falsa.

ME: ¿Cómo eliminar un evento desagradable para que no le afecte?

Andrés González: Se queda uno con cicatrices, pero lo que más funciona es quitar del camino a esas personas; a través de 35 años ha caminado por aquí mucha gente y cuando me di cuenta de que alguien era negativo, rápidamente la mandé “pa afuera”…

ME: Si le regresaran 30 años de su vida, ¿qué cambiaría? ¿Qué haría mejor?

Andrés González: Trataría de no cometer tantos errores, pensar un poco las cosas, porque de joven se avienta uno al “ahí se va”. Aunque en cierta forma es bueno ser agresivo, audaz; pero uno se lanza y luego salen bien las cosas y vienen los sabores del triunfo.

ME: ¿Qué hubiera pasado si no existieran trabas u obstáculos?

Andrés González: Hubiera sido una persona del montón, y te puedo decir que el error fortalece.

ME: ¿Cuál ha sido la clave para que el restaurante ANDRÉ sea exitoso?

Andrés González: El esfuerzo, la dedicación, la constancia, la responsabilidad, la seriedad, la preocupación por hacer las cosas a la primera, y todo eso mezclado en una masa, la masa del éxito.

ME: Señor Andrés ¿qué le recomendaría a todos esos muchachos que están empezando a forjar un futuro, la gente que necesita generar un ingreso, por dónde comenzar?

Andrés González: Preparación, estudiar, luchar por sus ideales, trabajar y administrarse bien.

ME: ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo y lo que más le cuesta o que no le gusta tanto?

Andrés González: La falsedad, la mediocridad, la flojera. Lo que más me gusta es la gente que ríe, que trabaja, que le gusta su trabajo.

ME: ¿Puede identificar a un talento desde que lo ve, a alguien que le va a servir? ¿Qué tiene en particular?

Andrés González: Sí, nomás de verlos hablar ya más o menos se da uno cuenta si sirve o no sirve, desde meseros, cocineros, etcétera.

ME: Señor Andrés, ¿algún mensaje a toda la gente que está ahora batallándole para encontrar empleo?

Andrés González: Buscar, porque el que busca encuentra; que tengan decisión, constancia, porque la gente conformista no logra nada; hay que levantarse temprano, sobre todo si es joven. Yo soy un ejemplo de que no hay pobreza que impida el éxito, más que la carencia de sueños y metas.

*Entrevista publicada originalmente en diciembre del 2011

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