La primera batalla del jefe es consigo mismo

Existen jefes inmaduros, poco trabajados y con un nivel de conciencia obtuso. Algunos tienen egos que necesitan sus propios códigos postales. Son una minoría, al igual que los jefes excepcionales. La inmensa mayoría están en la media, sin embargo, esto tiene que ver con la diferencia entre ser un jefe-líder y un jefe-jefe que sólo responde a un esquema organizacional.

¿Se trabaja para vivir o se vive para trabajar?

Nos vemos inmersos en una situación contradictoria: por un lado se promueve la calidad de vida y por el otro, el crecimiento de las personas se carcome dentro de la empresa debido a horarios inmisericordes, jefes prepotentes, programas fuera de la realidad y competencia que tira a matar. La disyuntiva es injusta. Si trabajamos para vivir, tenemos que entender el trabajo como algo separado de la vida y por lo tanto, del disfrute.

¿Por qué haces lo que haces?

Vivimos en la era light y de la comida express. Queremos todo y lo queremos ya. Y para lograrlo debemos sacrificar vacaciones para terminar el proyecto, o salir tarde del trabajo y dejar de pasar tiempo con nuestra familia. Recortamos aspectos importantes de la vida, desequilibrando nuestra propia balanza, nos enfrascamos en un ciclo demasiado acelerado, demandante y hasta falto de propósito que puede desatar un cuadro de depresión.

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