Alto potencial y su impacto en la calidad de vida

Las personas con alto potencial hacen de trabajar parte de su plan de vida, cuidan los resultados pero también su calidad de vida con inteligencia emocional.

“Arbor bonus bonos fructos dat”, una persona con alto potencial cuida su desarrollo integral puesto que sabe que éste está relacionado con su poder interno o personal y a su vez, con la capacidad física, mental, emocional y axiológica manifiesta en la búsqueda de sentido vida.

Nos vemos inmersos en una situación contradictoria: por un lado se promueve la calidad de vida y por el otro, el crecimiento de las personas se carcome dentro de la empresa debido a horarios inmisericordes que se extienden a voluntad de la autoridad, jefes prepotentes, programas fuera de la realidad y competencia que tira a matar. El paraíso laboral que se promete a los estudiantes en formación para salir a comerse el mundo, se evapora por la idea de que el éxito se trata de riqueza y  poder, o ante la necesidad apremiante de cubrir las demandas básicas de sobrevivencia, lo que al final, trae consigo un desgaste físico y emocional extenuante.

¿Se trabaja para vivir o se vive para trabajar?

Ninguna de las dos afirmaciones de esta pregunta se sustenta; la disyuntiva es injusta. Si trabajamos para vivir, tenemos que entender el trabajo como algo separado de la vida y por lo tanto del disfrute.

Este concepto tiene su raíz en el pensamiento judeo-cristiano donde el trabajo es visto como el castigo del ser humano: “por haber comido del árbol del que yo te había prohibido, maldita sea la tierra por tu culpa, con fatiga sacarás de ella tu alimento para todos los días de tu vida”. Imaginemos al empleado que trabaja trece o catorce horas al día para tener sólo dos de vida que se le van en el tráfico o en los paraderos de autobús. ¿Qué entusiasmo puede expresar? ¿Qué energía le queda para vivir?

Sin embargo, vivir para trabajar no deja de ser falso. Nos enfrentamos al ejecutivo que no puede descansar pues funda toda su vida en ‘la talacha’ y mientras está en el coche, metro, calle o playa, sigue pensando en el pendiente que dejó y en la junta que le espera, son trabajadores que cuando llegan a casa apenas tienen tiempo de aflojarse la corbata, de quitarse la bata o el casco. Descuidan a la familia -si es que la tienen-, y ausentes, se sientan frente a la laptop o el celular para completar las tareas aún por resolver.  Vivir para trabajar también es un sinsentido enajenante. Si no echamos abajo estas alternativas, si no cambiamos este concepto, ningún curso ni taller ni libro ni terapia, podrán ayudar a que un trabajador explote su verdadero potencial.

Trabajar la vida, vivir el trabajo

La filosofía judeo-cristiana que confiere al trabajo un sentido de sufrimiento y lo hermana con la muerte, encuentra su contraparte en los postulados básicos del psicoanálisis: el principio de vida que, según Freud, es el principio del placer. Erich Fromm puntualizó con profundidad y sentido práctico esta idea, y confirió al amor y al trabajo el papel de pilares de la vida. La alternativa que tenemos para encontrar la parte que el trabajo tiene de vida es ubicarlo en la línea de la biofiliael amor por la vida’ donde el trabajo se disfruta al igual que comer, jugar, abrazar y besar. La única condición para ello es que el trabajo nos satisfaga en los hechos, no sólo en las ilusiones.

No basta decir “hasta ahora he considerado que el trabajo es un mal necesario”. En realidad, como dicen Fromm, Frankl, Gibrán y tantos otros, trabajar forma parte de la vida; hay que ser realistas y hacernos responsables por un trabajo que realmente nos gratifique, que sepamos hacer bien y que por eso, nos de éxito. Seguro lo has experimentado, un proyecto que verdaderamente te motiva no encuentra pretextos ni resistencias ni límites en el tiempo que le dedicas. Un trabajo ‘vivo’ es un trabajo que confiere plenitud en lo físico, intensidad en lo emocional, reto, ejercicio mental y trascendencia para el espíritu.

El disfrute de la vida no sólo está en visitar un museo, gozar las obras de arte de los impresionistas o cubistas, en escuchar un concierto de rock o de jazz, arreglar el jardín, jugar un partido de tenis o salir al campo, la diversión también puede estar en cerrar un contrato, vender un automóvil, una póliza de seguros, resolver un conflicto por teléfono o atender una junta; el secreto está en fluir, dejar que nuestra energía se libere y generar las condiciones para ello. Las personas con alto potencial hacen de ello parte de su plan de vida, cuidan los resultados pero también su calidad de vida con inteligencia emocional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close

Sociales