¿Cómo identificar a los miembros problemáticos de un equipo de trabajo?

Para identificar a aquellos miembros que no saben, no pueden o sencillamente no quieren trabajar en equipo, distingamos primero entre dos tipos de poderes: el interno y el externo.

Sin sonar anticuado puedo decir que es evidente que vivimos una época en donde existe un cambio de valores donde el mundo de los negocios, las redes sociales y los artilugios tecnológicos nos aíslan de los cercanos. Amor, compromiso y honestidad son sustituidos en el mismo orden, por Facebook, yoísmo y oportunismo, mientras que muchas familias y escuelas apuntalan aún más estos comportamientos –muchas veces sin darse cuenta-, al crear un espíritu de competencia que no tiene consideración de los demás.

Poder externo Aquel brindado por una organización, se trata de una autoridad relacionada con la posición jerárquica.
Poder interno Es la energía personal, es decir, la capacidad física, emocional, mental y espiritual que se refleja en la influencia que ejerce una persona de manera positiva o negativa.

Si lo anterior lo trasladamos al campo laboral, podremos dar con algunas de las razones que impiden alcanzar sus objetivos a los equipos de trabajo: miembros que no saben, no pueden o sencillamente no quieren trabajar en equipo. Para identificarlos, distingamos primero entre dos tipos de poderes: el interno y el externo.

El poder parte de uno mismo mientras que la influencia tiene que ver con los otros, con la cultura, educación, ambiente, edad y valores, por lo que una persona puede poseer alto poder y tener baja influencia causada por factores dados por la familia y sociedad en la educación.

Independientemente del poder, también consideremos las diferentes personalidades de los integrantes de un equipo de trabajo:

Introvertidos: Prefieren realizar sus actividades de manera aislada pues no se sienten cómodos trabajando en grupo y, a pesar de que pueden ser líderes de opinión al ser muy buenos en el campo del pensamiento y la investigación, se vuelven un problema cuando son desinteresados, retraídos y ermitaños.

Extrovertidos: No respetan límites, son proactivos y no hacen más que bloquear el trabajo de los demás puesto que persiguen sus propios intereses pasando por encima de los demás. En el caso de estas personas, el trabajo en equipo refleja sólo sus ideas, procesos e imposiciones.

Teniendo cuidado de identificar con certeza si ese elemento del equipo del que sospechamos pertenece a alguna de las categorías anteriores podemos entender de mejor manera que el trabajo en equipo requiere de gente capaz de anteponer los intereses del equipo por encima del Yoísmo.

No olvidemos que el camino fundamental en la optimización de resultados  entiende que la madurez del equipo se mide no por el miembro estrella sino por la persona más inmadura que en él se ubica. Cierto, no hay crecimiento sin competencia y paradójicamente esta última se logra con la colaboración.

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