Experiencia de vida o formación académica ¿Qué vale más?

Al reflexionar si vale más la experiencia de vida que la formación académica, me viene a la mente la máxima: “lo que se recibe se recibe al modo del recipiente”, es decir, el agua toma la forma de la jarra

Al reflexionar acerca de los tiempos actuales y de si vale más la experiencia de vida que la formación académica, me viene a la mente la máxima quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur, o lo que es lo mismo: “lo que se recibe se recibe al modo del recipiente”, es decir, el agua toma la forma de la jarra.

La importancia de encontrar el sentido

Casos de gente exitosa como el de Steve Jobs, Lawrence Ellison con Oracle, Bill Gates o Mark Zuckerberg, que abandonaron la academia para seguir su propia intuición son ya muy conocidos, sin embargo, existen personas forjadas en los colegios como Barack Obama en Harvard, Stephen Hawking en Oxford, Natalie Portman quien cursó psicología en Harvard, Larry Page creador de Google, en Stanford e inlcuso Shaquille O’Neal con su PhD. Si en ambos escenarios encontramos gente exitosa ¿qué es lo que sucede?

Cuando la motivación está más allá del ingreso económico, la persona se abre al aprendizaje, es proactiva y creativa. En este caso, el estudio académico acaba por convertirse en una verdadera experiencia de aprendizaje que está relacionado con la autoestima, la confianza en uno mismo, los valores y la capacidad de resiliencia y de reinventarse todos los días.

¿Por qué no pensar en qué tan felices somos con lo que aprendemos y en la capacidad que tenemos para seguir nuestra intuición?

Estudio con propósito

La academia funciona cuando abre la conciencia a la búsqueda de la verdad e impulsa la toma de riesgos, cuando es fuente de creatividad y disciplina. Un enfoque tradicional de ésta, que presiona hacia la competencia insana, dogmática y sofista, cerrada a la experiencia incluyente y democrática, termina por frenar el crecimiento de la persona en la búsqueda de la verdad.

De ahí que una de las crisis más comunes en los jóvenes y recién egresados de las universidades sea provocada por la falta de experiencia y por supuesto, de propósito. Salen con título universitario pero, al mismo tiempo con una tremenda brecha entre la teoría y la práctica que los orilla a formar filas en el gremio de desempleados.

Y entonces ¿de qué depende el éxito?

El éxito depende del nivel de conciencia, que genera la motivación pero también es cierto que la práctica hace al maestro, así que procuremos aquella “buena academia”, la saludable y productiva que incluye experiencia y conexión directa con el mundo real y que permite tener interacción con lo que sucede en él. Fomentemos a los maestros que enseñan a pescar y no a sólo recibir el pescado porque la clave en la academia está en el aprender a aprender, no olvidemos que la experiencia nunca termina y proporciona sabiduría que ayuda a enfrentar las crisis tan comunes ya en estos tiempos y por supuesto, a tomar mejores decisiones.

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