La desaceleración y el empleo

En mi columna anterior comentaba que la economía para 2016 traía buenas noticias con respecto a la creación y mantenimiento del empleo en el país. El pronóstico se basaba en la moderada tasa de desempleo que se mantiene ya casi desde hace un año.

En mi columna anterior comentaba con prudente optimismo que la economía para 2016, traía buenas noticias con respecto a la creación y mantenimiento del empleo en el país. Nuestro pronóstico se basaba en la moderada tasa de desempleo que se mantiene ya casi desde hace un año del 4.6%, según el INEGI y el aún moderado crecimiento del 2.8% del Producto Interno Bruto para este año.

El Fondo Monetario Internacional acaba de reducir su pronóstico para México al 2.2% y la tasa de creación de empleos según el Instituto Mexicano del Seguro Social se empezó a desacelerar ligeramente a partir de marzo. Los anunciados recortes presupuestales para este año de 135,000 millones de pesos y de 175,000 millones para el 2017 sin duda, harán mella en la tasa de crecimiento y en el desenvolvimiento del empleo en el país pero no a grado tal que descarrilen el proceso sano de mediano plazo de creación de empleo que se ha ido logrando y me explico por qué.

Es en esta administración, donde la intervención de la inversión pública se ha reducido considerablemente al nivel histórico más bajo de los últimos 24 años, el 89% de la misma en 2015 ya correspondió al sector privado. Sólo un 11% de la inversión fija bruta está siendo originada por el sector público. Y aunque esto marca una recesión de la tendencia histórica del desarrollo mexicano y se puede evaluar como positiva, desde el punto de vista de un modelo de desarrollo capitalista sano, la realidad Latinoamericana consiste en que el Estado siempre ha intervenido y desatado procesos relevantes en el aparato económico que provocan el desarrollo acelerado.

Hemos esperado esa inversión los últimos tres años conforme al Plan Nacional de Infraestructura por alrededor de 800,000 millones de pesos. El gobierno está haciendo recaer una buena parte de esa inversión de fondos privados y por ello el desenvolvimiento de la misma ha sido más lento. Una buena parte viene de capitales internacionales al sector energético, construcción y telecomunicaciones. El esfuerzo es interesante, pero no suficiente. Por eso la sensación de desaceleración y la tasa de creación de empleo tan sectorizada y regionalizada. La vieja filosofía del gasto público era compensar donde la iniciativa privada no invertía. Parece que ese paradigma, va en extinción.

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