La primera batalla del jefe es consigo mismo

Existen jefes inmaduros, poco trabajados y con un nivel de conciencia obtuso. Y aunque la inmensa mayoría están en la media, algunos tienen egos que necesitan sus propios códigos postales. Así que ¿cuál es la diferencia entre un jefe-líder y un jefe-jefe?

El poder es limitado y nos enfrenta a una realidad: todo jefe está sometido a una autoridad que dicta estrategias en las que se puede no estar de acuerdo. Tal vez se encuentre bajo presión extrema para entregar resultados, no reciba apoyo, su vida personal esté ‘patas arriba’ o bien, se le prometió la luna cuando aceptó el trabajo para descubrir después que le habían mentido.

Madurez emocional, ¡indispensable en un jefe!

El ser mejor jefe depende en gran parte de la inteligencia emocional que implica autoconciencia, regulación personal, aceptación de emociones y su manejo en situaciones críticas, empatía con los colaboradores y entusiasmo por su trabajo, además de energía constante. Sin embargo, una de las cosas más difíciles de lograr para cualquiera es ser objetiva sobre su propio rendimiento y en especial, para un jefe que piensa que la crítica lo hace vulnerable. Si el jefe se abre a posibles críticas, si escucha la retroalimentación en un ambiente de apertura, se abrirán amplias posibilidades de mejora en su desempeño.

Si él como persona pierde su centro, entonces perderá la posibilidad de influir en los demás. Eso se notará en la confianza que genere en su gente y en la manera en cómo se acercan sus colaboradores a él puesto que un jefe-líder se convierte en mentor y tal vez hasta en coach.

La influencia del jefe-líder

Para influir en los demás deben abandonarse estereotipos formales y mostrar una actitud versátil y positiva que permita debatir sin represalias las ideas de los demás Hay que generar un ambiente de colaboración no con las palabras sino siendo un modelo de entrega y disponibilidad.

La madurez de un jefe tiene que ver ni más ni menos con la madurez de su persona. Muchos jefes por miedo a perder su puesto, prefieren tener a sus colaboradores bloqueados, sin darles exposure u oportunidad de manifestarse frente a directivos y clientes clave, si el ego se deja a un lado y aprecia lo que sus colaboradores hacen bien, va por buen camino.

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