El increíble oficio de librera

Durante su infancia, Selva Hernández recibía más libros que juguetes como obsequio, pues pertenece a una familia con larga tradición librera que en los años treinta se asentó en la Ciudad de México.

Ella decidió no alejarse de las influencias de su origen y actualmente conduce proyectos propios vinculados con el mundo que conoció desde niña: los libros.

Selva Hernández creció rodeada de libros, como si fuera un personaje invitado a pasar una larga estancia en el universo de La biblioteca de Babel.

“Soy tercera generación de una familia de libreros”,

Cuenta que todo inició en los años treinta cuando su tío abuelo Nicolás, hermano de su abuela materna, Berta, dejó atrás Guadalajara, para establecerse en la Ciudad de México.

“Comenzó a coleccionar libros antiguos y, después, a vender los que no quería en La Lagunilla. Cuando empezó a tener cierto éxito, puso tres librerías sobre avenida Hidalgo en los años cuarenta”.

A su tío abuelo lo encarcelaron y esto propició que el matrimonio conformado por su abuela Berta y su abuelo Ubaldo se encargara de las librerías. Aprendieron así el oficio y cuando el primer librero recobró su libertad y sus librerías, la pareja comenzó a dar vida a sus propios negocios.

La librería Selecta, inaugurada en 1969 en Donceles 79, es una de las muestras de esta historia en la que trece hijos debían apoyar en el negocio y muchos de los cuales heredaron el oficio.

“Mis padres pusieron su primera librería en 1986, después del terremoto. Todavía existe, está en la avenida Cuauhtémoc, se llama librería Teorema. Después mi mamá (Silvia López Casillas) puso otra en Álvaro Obregón hace veinte años (A través del espejo). Todo el mundo ha puesto y quitado, librerías. Las librerías de viejo son un negocio muy noble, porque tiene ganancias buenas, nunca para ser millonario, pero sí para vivir bien”.

DE LO ANTIGUO A LO NUEVO
Después del fallecimiento de su madre hace tres años, Selva heredó tanto las responsabilidades como los encantos de la librería A través del espejo y, a partir de las recientes experiencias que ha vivido ahí, decidió crear su primera librería propia, La increíble librería, junto con quien forma un hogar desde hace cinco años, el diseñador gráfico Alejandro Magallanes, ganador de la medalla Jozef Mroszczak en la XVI Bienal Internacional del Cartel en Varsovia, entre otros reconocimientos.

La increíble librería abrió sus puertas en la colonia Roma a mediados de noviembre de 2016. Hay libros viejos y libros nuevos. “Nuestra idea era tener pocos libros, pero muy selectos, donde pudiéramos vender cosas tanto antiguas como nuevas; que fuera, además, un bonito escaparate para las editoriales independientes de México y del mundo, con libros muy bien seleccionados, sobre todo no pensando en criterios comerciales.

LA TERCERA LIBRERÍA
Selva comenzó a coleccionar estos objetos desde muy pequeña y a fijarse en los detalles de diseño, ilustración y tipografía, así que estudió Comunicación Gráfica “para poder diseñar libros”, dice. Narra que su primer trabajo fue en el periódico Unomásuno y después, junto a su tío Mercurio López y José Luis Lugo, creó una revista para bibliófilos llamada Galera (1994-2003).

Continuó dedicándose principalmente al diseño de publicaciones de arte, como libros o catálogos de exposiciones de museos, hasta que hace seis años fundó Ediciones Acapulco y hace tres se entregó de lleno al oficio de librera.

En Álvaro Obregón tiene un departamento al que llama “La tercera librería”: “Está dedicado solo a libros raros, antiguos y difíciles de conseguir, sobre todo con temas que tienen que ver con México. Ese lugar es mi centro de operaciones, donde voy haciendo pequeñas selecciones para distribuir a las dos librerías o para vender en ferias.

Ahí los catalogamos, hacemos la restauración, le ponemos sus forros y los dejamos listos para la venta. Voy separando los libros en bueno, malo, regular, basura, excelente. De eso se trata el trabajo de librero, de estar seleccionando y separando lo bueno de lo malo, lo excelente de lo bueno”.

Por Penélope Silva | Fotografías: Pedro García Castro

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