El trabajo de los cuidados: un acto de amor que debe reconocerse

El glosario de Igualdad de Género, de ONU Mujeres, señala que el «Trabajo de cuidados no remunerado» abarca todas las actividades diarias para mantener nuestras vidas y salud, como las tareas del hogar y los cuidados personales (especialmente de los niños y niñas, personas mayores, enfermas o que tienen alguna discapacidad).

«Lo más común es que estas actividades sean desarrolladas por las mujeres en el hogar de forma gratuita», se lee en la definición.

En ese mismo apartado, refiriendo la Campaña del Milenio de las Naciones Unidas para reducir la pobreza mundial a la mitad para el año 2015, el trabajo de cuidados es realizado –en una abrumante mayoría- por mujeres. Es una labor, sostienen, poco valorada y con poca o ninguna remuneración.

De acuerdo con cifras del INEGI, durante 2015, el valor económico del trabajo no remunerado en México alcanzó un nivel equivalente a 4.4 billones de pesos, lo que representó 24.2% del Producto Interno Bruto (PIB).

«Tradicionalmente este trabajo se considera, erróneamente, una labor que «deben» realizar las mujeres, por naturaleza», dice en entrevista Marta Ferreyra, directora de Promoción de Cultura y No Discriminación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). Y agrega: «A los hombres, en cambio, se les ve como proveedores. Eso radica en nuestra estructura social simbólica; es decir, si te digo que cerremos los ojos y pienses en la palabra cuidado, ¿qué imagen te aparece? Posiblemente se dibuje la silueta de tu mamá. Ese es el impacto simbólico, que deviene de la división social del trabajo. Es una configuración que trae consecuencias negativas a la sociedad, pues crea una división del mundo, entre lo femenino y lo masculino, que tiene mandatos para ambos sexos. Y uno de los mandatos de lo femenino es el cuidado». 

En el texto El trabajo de cuidados, obstáculo para las autonomías de las mujeres, Marcela Eternod y Teresa Jácome señala: «El trabajo de cuidado es totalmente demandante, lo que limita la posibilidad de quienes lo brindan de integrarse a otro tipo de actividades y obedece a los horarios y necesidades de las personas a quienes se cuida, impidiendo que quienes cuidan puedan disponer libremente de su propio tiempo».

De acuerdo a cifras de la Encuesta Nacional sobre el Uso de Tiempo (ENUT), las mujeres dedican 29.8 horas semanales en labores domésticas, frente a las 9.7 horas que destinan los hombres. Entre las acciones que los especialistas sugieren para cambiar revertir situación, se encuentran:

  • Flexibilización laboral.
  • Impulsar el teletrabajo, a través del uso de la tecnología.
  • Compactar la jornada laboral y trabajar por resultados.
  • Las licencias de maternidad y paternidad, programas impulsados por las empresas, deben aumentar.
  • Si bien urge un cambio social, para cambias actitudes machistas relacionadas con los roles de género y atavismos culturales, este debe acompañarse de políticas públicas.
  • Actualmente, las licencias de paternidad, considerado en la Ley Federal del Trabajo (LFT) otorga cinco días laborales a los padres para estar con sus hijos desde el día de su nacimiento, en comparación con las 12 semanas a las que tiene derecho la madre.

«En el trabajo de cuidar a otros se ven imbricados lazos de amor y de apoyo mutuo. Es una actividad cotidiana que permite regenerar la vida y expandir el bienestar de las personas, lo que nutre los lazos de solidaridad y da vida al tejido social», señala el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir en un artículo publicado en Animal Político.

La distribución equitativa de las tareas domésticas, en los hogares mexicanos, acompañada de una política pública, será un primer paso para reconocer el trabajo de los cuidadores. Un trabajo hecho con amor, pero invisibilizado hasta ahora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

shares