Importancia del lenguaje inclusivo

Desde la perspectiva de género, ¿cuál sería la importancia de un lenguaje inclusivo? Un tema controversial que busca iniciar un cambio definitivo en la cultura, con el fin de erradicar roles y estereotipos que fomenten cualquier forma de discriminación y hasta de violencia hacia las mujeres a partir de la forma en la que nos comunicarnos.

Pretende alcanzar la igualdad sustantiva en beneficio de ellas, las afectadas, y que trascienda a las nuevas generaciones para empezar a generar avances sustanciales.

¿Es este un mundo masculino?

Nuestro mundo en sociedad está construido sobre un modelo masculino que se impone a mujeres y hombres, reproduce estereotipos dominantes que son el espejo de nuestras prácticas socioculturales sobre las percepciones de quienes tienen el poder y, por ende, refuerza la construcción de relaciones desiguales entre los sexos.

Es el androcentrismo la práctica relacionada con otorgar al varón, y a su punto de vista, una posición central en el mundo, las sociedades, la cultura y la historia, lo que determina que, en cualquier trabajo o investigación, se les tome a ellos como medida de la población, dejando a las mujeres invisibles, inexistentes, excluidas y ocultas tras la referencia masculina.

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Foto de Yasin Yusuf en Unsplash

Con el lenguaje creamos identidad y, si un lenguaje es masculinizado, reforzará y reflejará una ideología patriarcal. Lo que el lenguaje inclusivo pretende evitar es que en nuestra forma de comunicación se impida el reconocimiento de las mujeres, que se les nombre de forma incorrecta o que a través del lenguaje se invisibilice su presencia.

El lenguaje inclusivo y la solución

¿Cuál es la solución? Desdoblar el lenguaje, que masculiniza las palabras, porque esto transmite ideología, modos y costumbres, así como valores que den prioridad o preferencia a los hombres. En el ámbito de los recursos humanos, esto se puede apreciar desde la forma de publicar vacantes. Ya que el masculino se maneja como universal o neutro. Un ejemplo:“Se requiere arquitecto, sexo femenino”. Lo correcto sería escribir: arquitecta. Precisar el género en el mensaje es una forma de discriminación.

Otro ejemplo representativo de la importancia de emplear lenguaje genérico podría explicarse así: “Durante la ronda nocturna, los policías extorsionaron severamente a la prostituta”. En esta frase, es muy probable que nuestra primera impresión sea que los policías eran hombres e imaginar una conducta asociada a la fuerza y una posición de autoridad de hombres para amedrentar a la mujer.

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Foto de Dainis Graveris en Unsplash

Si existiera la cultura de “desdoblar” y la frase se dijera “Esa noche, las y los policías la extorsionaron”, tendríamos una mayor claridad del acontecimiento, y en este caso, no en desventaja para los hombres; así, se daría visibilidad justa y precisa a quien participó en este supuesto hecho.

Toda vez que nos esforcemos en el uso de un lenguaje claro, nos permitirá construir mensajes exactos, incluyentes. Sin masculinizar o feminizarlos, sin desvalorizar, minimizar o empoderar a ninguna persona.

Hasta aquí me muestro en favor del llamado “desdoblamiento” del lenguaje. La solicitud en torno de un lenguaje incluyente se cubriría con esto, y en mi opinión, no sería indispensable que se escale al uso de la E (todes, elle, nosotres, tú misme, etc).


Por: Gabriela Breña

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