Lo que el encierro se llevó

Desde marzo del año pasado empecé mi diario sobre la Covid-19. Y ahora, con emoción, les comparto algunas reflexiones desde el encierro.

Dicen que empezó en Wuhan, China. Al principio nadie lo creía, la vida seguía normal. Al poco tiempo fue creciendo en occidente, hasta que la OMS declaró: ¡Pandemia!

No sabemos si la causa se debió a las precarias con­diciones de un mercado, o saltó sin cerco sanitario de un murciélago, o de un laboratorio, a los humanos.

El médico que lo detectó murió. Lo curioso es que antes, el gobierno chino lo obligó a firmar una declaratoria en la que se retractó del anun­cio que hizo sobre la peligrosidad y agresividad del virus a nivel mundial, y la posibilidad de convertirse en pandemia, debido a la globalización.

El reloj del mundo paró, las calles quedaron va­cías, una nube de silencio cubrió la Tierra.

ENCIERRO SOMBRÍO

Confinados en nuestras casas llenamos el ce­rebro de letras, algunas huecas y otras profundas. En las redes sociales encontré: chistoretes, emoticones, ruidos. En el fondo subyace el miedo que infunden las noticias falsas que me dejan aún más vulne­rable.

Todo se destruyó: encuentros, viajes y sueños. La pobreza aumentó. El guion de la vida quedó truncado como quien corre sin mirar la grie­ta pensando que es un simple vado y, al cruzarla, cae en lo más hon­do y oscuro.

La violencia familiar aumentó exponencialmente por el trauma de un encierro obli­gado, en un home office combinado con educación en casa y pantallas. Al no poder tomar otros aires, al caer en el aburrimiento hemos sido presa del estrés. Qué difícil estar encerrado en espacios reducidos, rectangulares, casi cúbicos, especial­mente cuando no se tiene sana convivencia.

Todos los eventos deportivos mundiales han sido cancelados, las olimpiadas, la liga NBA de basquetbol, los partidos de futbol a nivel mundial, la UEFA. Se canceló el calendario de la Champions y de la Liga Europa, también la Fórmula 1 de McLaren.

Cuánta frustración en los atletas olímpicos que se prepararon gran parte de su vida para compe­tir y ahora padecen el encierro. Cuánto desánimo para los fanáticos sin sus ídolos. Todos los viajes previstos para cualquier evento quedaron en la nada.

EFECTOS DE LA COVID-19

Que yo sepa, nadie pudo predecir esta crisis. A todos nos ha tomado por sorpresa. Ni el I Ching, ni la ouija, ni la brujería, ni los sueños y los horóscopos celta, chino, asirio, egipcio, adivinaron este desiderátum; y los líderes del planeta nunca advirtieron la mag­nitud del problema que arrastraría millones de vidas y a otros millones a la pobreza.

Los go­biernos que, al principio, negaron, minimizaron o encubrieron la crisis sanitaria para “salvar la economía”, hoy están desbordados. En algunos hospitales han tenido que tomar la dura decisión de elegir a quién darle el respirador, ¿a los ni­ños, a los jóvenes, a los viejos?

Decenas de millones en cuarentena: turismo, comercio, industria, construcción, deporte, cultura. ¿Cómo pagar sueldos sin ingresos? Me ubico en los zapatos de todos los que no pueden mantener el salario de un grupo de trabajo sin ayuda del gobierno.

POBREZA

De acuerdo al Coneval, entre 6.1 y 10.7 millones de mexicanos viven en extrema pobreza. En Oa­xaca, en Chiapas, en muchos otros lugares. La capital no se salva con su pobreza urbana y los grados de marginación en sus periferias.

¿Cuántas familias numerosas habitan en sólo dos cuartitos? En uno de ellos tienen un comal, avivan el fuego con carbón y leña para calentar la olla con frijoles, el café y echar las tortillas y, en el otro, duermen con una televisión.

O los de las grandes urbes que viven en vecindades, en­tre paredes, en cubiles sin terrazas ni balcones, o en la indigencia, donde lo ajeno es propio y no se conoce la privacidad. Y qué decir de las favelas de Brasil.

En medio de tanto dolor y muerte, veo con in­mensa alegría reacciones de apoyo positivas de muchas empresas, a pesar de la crisis.

Solo menciono cuatro testimonios que me impac­taron: una fábrica de zapatos ahora se está dedicando a producir mascarillas y cubrebocas; la otra, una fuerte industria cervecera, decidió destinar sus recursos en la producción de gel antibacterial con alcohol, que distribuye de forma gratuita; otras compañías es­tán construyeron una unidad hospitalaria en un centro de conven­ciones y, por último, una empresa que produce pan está regalando millones de lunch boxes. Esas noticias, entre miles, llenan el corazón de gozo, a pesar del encierro.

CRISIS

Ahora entiendo eso de que las crisis se pueden convertir en oportunidades, como el mito de La Hidra de Lerna que, cuando le cercenan una cabeza, le salen dos, o muchas más.

Veo ejemplos de músicos que salen a tocar jazz en sus balcones, mu­jeres y hombres con sus asanas en el espacio de la sala. Los bailari­nes que no paran de danzar, las sopranos que sueltan los sonidos al viento. Empresarios y colaboradores que han negociado para mantener las fuentes de trabajo.


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Jorge Andere Martínez
Director General Grupo Andere


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