“Nos hace falta aprender a fracasar bien”

“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatal”. Esa frase, atribuida a Winston Churchill, es el mantra de Leticia Gasca, una entrepreneur que encontró en el fracaso un negocio rentable.

De la semilla de su primer traspié emprendedor, que ocultó de su currículum durante años, germinó una empresa exitosa que hoy en día es una iniciativa global, con presencia en 300 ciudades y 90 países. Conversamos con Leticia para conocer más sobre su poderoso y sui géneris proyecto.

Ella es la única persona del mundo capaz de hablar del fracaso con una alegría desbordada.

Oradora nata, ex periodista, tiene la habilidad de contar una historia y atrapar en sus redes a quien la escucha.

¿Cómo surgió Fuck Up Nights y el Failure Institute?
“Voy a empezar por el presente y de ahí me voy hacia atrás para que lo que les cuente ahora haga sentido”.

¿QUIÉN ES LETICIA GASCA?
Leticia Gasca es una emprendedora serial. Y una mujer honesta: no todos sus emprendimientos, confiesa, han funcionado.

“Antes de esto, fui emprendedora social en proyectos que no trascendieron tanto porque quizá no tenía la experiencia ni los recursos para hacer que funcionaran”, cuenta.

Leticia es fundadora de las Fuck Up Nights y, posteriormente, del Instituto del Fracaso. Sin uno, no existiría el otro.

LOS INICIOS
En la Sierra Negra, en Puebla, se encontró con un grupo de mujeres indígenas que bordaban pedazos de tela a mano. Una vez al mes acudía una mujer, foránea, quien les pagaba 30 pesos por un lienzo de tela, de un metro cuadrado, que se tardaban un mes en bordar. A Leticia, ese acuerdo, le pareció indignante, por lo que se propuso crear una empresa social, con el fin de apoyar a esas mujer a elevar su calidad de vida.

Lanzó la empresa y, con ella, a través del proyecto social, ganó concursos del Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco mundial. En 2017 recibió el Premio Nacional de la Juventud en la categoría de Mérito Cívico. A pesar de eso, la empresa fracasó.


FUCK UP NIGHT
Pasaron 7 años antes de que Leticia volviera a emprender. La experiencia la había marcado. Durante ese tiempo trabajó como editora de un suplemento de Responsabilidad Social en el Economista, luego se integró al equipo de una aceleradora de negocios y, después, se integró como editora de reportajes de la revista Expansión.

“Y justo cuando trabajaba en Expansión nacieron las Fuck Up Nights. Esto fue en septiembre de 2012, cerca de aquí, en la cantina La Nacional. Estaba echándome unos mezcales en compañía de mis amigos y nos percatamos, al calor de las copas y las confesiones, que todos habíamos fracasado, en algún momento, en los negocios”, cuenta.

VOLVER RENTABLE EL FRACASO
“Mucha gente se comprometió, empezaron a organizar sus Fuck Up Nights, se viralizó el movimiento y llegamos a 100 ciudades”.


-¿Qué les decías? ¿Cómo los convencías?
-Obvio tenía un pitch de venta: una página súper sexy que explicaba qué es Fuck Up Nights, cómo hacerlo y qué beneficio obtienes al organizar Fuck Up Nights. Eso era lo más difícil porque no ganaban dinero. A lo mucho obtenían aprendizaje, posicionarse en su comunidad local como líderes en un tema: el fracaso. Lo que, sin duda, era un reto. Lo que me servía mucho era enviarles fotos y videos de las Fuck Up Nights de otras ciudades. Como dice el dicho: ‘La palabra convence, pero el ejemplo arrastra’.

Con el tiempo, cambió la dinámica y ahora las personas de otros países los buscaban a ellos. “Actualmente cada semana recibimos 10 mensajes de personas que quieren llevar Fuck Up Nights a su ciudad. A nosotros nos toca filtrarlos y hacer el proceso de selección, para ver si realmente están comprometidos”.

-¿Cómo le hiciste para volver rentable el proyecto?
-Mucho fue a prueba y error. Al ser Fuck Up Nights nos podíamos dar el lujo de honrar nuestros razones de ser y fracasar varias veces. Algunas cosas no funcionaron: lo primero que hicimos fue poner una alcancía en las sesiones, para solicitar una cooperación voluntaria. Juntamos, a lo mucho, 800 pesos en una noche. Eso no iba a ser, evidentemente, un modelo rentable. Intentamos hacer un patronato, pero también fracasó. Luego empezamos a hacer cosas que sí funcionaron. Las 3 cosas que hacemos actualmente para generar dinero y que sí funcionan son: cobrar a las personas que organizan Fuck Up Nights en el mundo. Eso lo empezamos a hacer después de que llegamos a 100 ciudades. Le mandamos un mail a todos los que organizaban Fuck Up Nights preguntándoles si estarían dispuestos a pagar una licencia mensual a cambio de organizar Fuck Up Nights y el 100% respondió que sí. Luego les preguntamos cuánto sería lo máximo que estarían dispuestos a pagar. Y la mínima cantidad mencionada fue de 30 dólares. Nos dijimos: ‘Si les cobramos 30 dólares, todo el mundo lo va a pagar’. Empezamos a cobrar y lo que ocurrió es que la mitad de organizadores se cayó.

Llegamos de nuevo a 50 ciudades, pero fue un crecimiento más sano, pues todos los que le entraban sabían, de antemano, que tenían que pagar. Ya no había cuestionamientos. Actualmente todos pagan. Después empezamos a organizar Fuck Up Nights en corporativos.
-¿En los corporativos hay apertura para hablar del fracaso?
-En los corporativos se puede hablar del fracaso interno cuando la alta dirección tiene apertura. Si el CEO está comprometido y dice: “Voy a contar algo en la Fuck Up Night”, los demás también quieren hacerlo. Pero si el CEO tiene miedo y piensa que, con su participación, hay un riesgo para la reputación de la marca, es más difícil.

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