Reseña del libro El Motel del Voyeur

A principios de 1980, Gay Talese (New Jersey, 1932) recibió la carta de un hombre que le reveló que años atrás compró un motel de veintiún cuartos para “convertirse en su voyeur residente”. En los conductos de ventilación, placas de yeso rectangulares (de 15 x 30 cm), ubicados en el techo de una docena de habitaciones, instaló una “plataforma de observación” con el fin de espiar a sus clientes. Talese, legendario periodista, autor de Honrarás a tu padre (1971), entre otros libros de no ficción, viajó a Colorado para corroborar la historia. Gerald Foos se llamaba aquel hombre. Y con su confesión arranca El Motel del Voyeur (Alfaguara, 2017), el más reciente libro Gay Talese, que se publica 37 años después de esa visita e incluye fragmentos de los diarios del voyeur: “un registro secreto de las costumbres sociales y sexuales de su país”, como escriben los editores.

9788420426631

La publicación del volumen, en los Estados Unidos, estuvo antecedida por una acalorada polémica: el Washington Post puso en duda la veracidad de la información recabada por Talese al informar que Foos vendió el motel –después de la visita del periodista- a un hombre llamado Earl Ballard, quien supuestamente había modificado el falso techo, inhabilitándolo. En la nota del autor, Talese aclara: “En agosto de 1983, Ballard vendió el establecimiento y Foos ya no pudo seguir entrando en el desván hasta que volvió a comprar el motel en julio de 1988”. Para el recién fallecido Miguel Ángel Bastenier, periodista español, “Talese es inevitablemente responsable de no haber hecho las indagaciones y corroboraciones que tocaban…”. Al mejor reportero también se le escapa la fuente. Talese, en su defensa, lanzó un tibio mea culpa: “Foos era un narrador inexacto y poco fiable, pero sin duda fue un voyeur épico”, y afirma que los hechos relatados tuvieron lugar, en su totalidad, antes de su visita de 1980.

El libro también generó un debate ético: Foos, en una carta enviada a Talese, le confiesa que fue testigo de un asesinato que no denunció. Talese, al resguardar la investigación periodística, también fue señalado de complicidad y omisión. Pero eso no fue el único hecho grave que el voyeur presenció. A lo largo de más de dos décadas de mirón, Foos fue testigo de violaciones, robos, abuso de menores e incesto. Lo que no advirtió el voyeur es que al violar la intimidad de sus huéspedes se estaba asomando también al abismo insondable de la crueldad humana, pues como escribe Nic Pizzolatto, en su novela Galveston (2010): “No se sobrevive a ciertas cosas, aunque no te maten”.

La fotografía, que aparece en la página 220 del libro, es una metáfora de la historia: en ella aparece Gerald Foos, en primer plano, ataviado con un traje negro, cabizbajo. En segundo plano, se aprecia a Talese, con uno de sus característicos sombreros, caminando junto a la segunda esposa de Foos; lejos de su fuente, desenfocado.

De la historia: ¿qué es verdad?, ¿qué es mentira? Las preguntas quedan en el aire.

Quizá, a la postre, tanto a Talese como a Foos, los defina el mismo epitafio: “Fue un hombre que vio demasiado”.

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